Por qué las rutas de una sola vía son trampas mortales y qué soluciones propone el Dr. Osvaldo Aymo

Las estadísticas de siniestralidad vial en Argentina esconden una epidemia silenciosa que ocurre, en su gran mayoría, lejos de las avenidas urbanas. En las rutas nacionales y provinciales de una sola vía por mano, el margen de error para los conductores es prácticamente nulo. En una entrevista con Corina Delettieres en su programa en Bragado Tv, el Dr. Osvaldo Aymo, médico especialista y referente en gestión de seguridad vial, viene advirtiendo desde hace años que el diseño actual de nuestra infraestructura vial y la falta de controles efectivos son los verdaderos responsables de que los siniestros continúen multiplicándose.

Para portales enfocados en la exigencia de infraestructura segura, como Autovía Ya, la ecuación es clara: a mayor cantidad de kilómetros de autovías o carriles segregados, menor es la probabilidad de tragedias.

El peligro invisible de las rutas monofásicas

El gran disparador de la mortalidad en el mapa vial argentino son los choques frontales. Cuando dos vehículos impactan de frente a velocidades de ruta, las fuerzas físicas involucradas superan cualquier elemento de seguridad pasiva del automóvil (como airbags o zonas de deformación programada).

El Dr. Osvaldo Aymo enfatiza que enfrentar una problemática tan compleja requiere de algo más que pedirle «prudencia» al conductor.

«La seguridad vial es algo demasiado importante para dejarla solamente en manos de la voluntad del factor humano. En Argentina, la anomia social (el no respetar las normas) es casi un deporte nacional. Si a eso le sumás rutas colapsadas de camiones y sin separación física de carriles, el desastre es inevitable».

Soluciones urgentes: De la infraestructura sueca a la realidad argentina

¿Cuál es la alternativa mientras se gestionan los altos presupuestos que requiere una autovía tradicional? Una de las propuestas técnicas más innovadoras que el propio Aymo ha intentado impulsar en el país basándose en la «Visión Cero» sueca —la estrategia internacional cuyo único número éticamente aceptable de muertes en tránsito es cero— es el sistema de Rutas 2+1 con barrera física.

A diferencia de una ruta convencional de dos vías, el modelo 2+1 reconfigura el asfalto existente de manera inteligente:

  • Tres carriles en total: Se dispone de dos carriles en un sentido de circulación y uno en el contrario.
  • Alternancia sistemática: Cada determinada cantidad de kilómetros (generalmente entre 3 y 5), la prioridad de doble carril cambia para el sentido opuesto, permitiendo sobrepasos 100% seguros.
  • Separación física: El centro de la calzada cuenta con una barrera (pueden ser cables de alta resistencia o New Jersey de hormigón) que impide físicamente el cruce de carril y elimina de raíz el choque frontal.

Este sistema reduce hasta un 80% las muertes en rutas secundarias y rurales de Europa y se presenta como un paso intermedio ideal, rápido y de menor costo económico para los corredores viales argentinos que esperan urgentemente convertirse en autovías.

Fiscalización: La ley sin control es letra muerta

Otro de los puntos neurálgicos en los análisis de Aymo es el fracaso de las normativas que no van acompañadas de presencia efectiva en el territorio. El especialista afirma de manera contundente que herramientas como la Ley de Alcohol Zero o las fotomultas fijas pierden total efectividad si la sociedad no percibe el riesgo real de ser auditada.

Para que la infraestructura de una autovía o ruta segura funcione, se necesita «presión de control percibida»: que el usuario sepa que, de manera inminente, habrá un control dinámico adelante. De lo contrario, incluso las rutas en perfecto estado se transforman temporalmente en pistas de velocidad que terminan con desenlaces fatales.

La reconversión de nuestra red vial bajo estándares modernos y la adopción de criterios científicos en la accidentología ya no pertenecen al plano del debate técnico; son una obligación de gestión para salvar vidas en el asfalto.