
El martillero Andrés Asnar analizó la actualidad del sector en la ciudad, advirtiendo sobre la acumulación de propiedades y lotes en venta, la brecha con los costos de construcción y las nuevas dinámicas en materia de alquileres.
Un mercado con alta disponibilidad y baja rotación de ventas
El escenario inmobiliario local atraviesa un periodo de amesetamiento y menor dinamismo. A pesar de un repunte inicial impulsado por el regreso de algunas líneas de créditos hipotecarios —principalmente desde la banca pública—, la actividad de compraventa se mantiene moderada.
Uno de los principales fenómenos que marcan el pulso actual es la notoria sobreoferta de inmuebles y terrenos. Recorrer la ciudad permite observar una gran cantidad de carteles de venta, una tendencia que se vio potenciada por el auge de desarrollos de loteos de años anteriores y por la acumulación constante de propiedades urbanas que ingresan al mercado de manera natural debido a cambios generacionales o mudanzas, pero que encuentran serias dificultades para concretar operaciones.

Esta sobrestock y la falta de liquidez impactan directamente en los valores de transacción. Si bien los precios de lista no reflejan caídas abruptas, en la práctica real los valores se acomodan a la baja ante la necesidad de concretar operaciones, generando una brecha significativa entre las pretensiones de los vendedores y el poder adquisitivo actual.
La brecha con la construcción y el freno en nuevos desarrollos
Otro de los factores determinantes en el estancamiento del sector es la asimetría económica que existe entre la adquisición de propiedades usadas y la obra nueva. Mientras que los inmuebles usados han sufrido una merma en sus precios de cotización, los costos de los insumos y la mano de obra para construir desde cero se mantienen elevados.
Esta diferencia desalienta la inversión en nuevas obras a gran escala. Años atrás, el mercado local experimentó un boom de edificios céntricos apalancado por la rentabilidad del sector y la participación de capitales vinculados al ámbito agropecuario; sin embargo, aquel ciclo dio paso a una etapa de saturación tanto de departamentos como de terrenos periféricos.
Alquileres más flexibles y el rol de las desregulaciones

En cuanto al mercado locativo, la eliminación de las estrictas regulaciones de la derogada ley de alquileres aportó mayor previsibilidad y libertad contractual entre propietarios e inquilinos. Según explicó Asnar, el mercado locativo se autorregula en función de los ingresos reales de los ciudadanos, evitando precios desfasados que impidan la colocación de las unidades.
Asimismo, la posibilidad de acordar plazos más cortos y mecanismos de indexación flexibles incentivó a muchos propietarios a volcar nuevamente sus inmuebles en alquiler, logrando un mercado dinámico y equilibrado en comparación con la parálisis que afecta a la compraventa.